todos los días cinco de la tarde timbre aplauso señora ¿no tiene algo para comer?
señora carmen, ester, josefina, señora.
señora cinco de la tarde señora un poco de pan le pido señora mil ciento treinta y cuatro veces y buenas tardes váyase a la puta que lo parió señora.
señora usted que me vio astillarme los dedos para estirar el resto de la mano usted señora ahora con el mentón a noventa grados del suelo míreme y vea vea si no me parezco a cualquiera de sus hijos que nacieron en clínicas privadas de países privados en ciudades negras donde los semáforos titilan y los bondis tardan tanto que es más barato adoquinarse/ que fuman cigarrillos caros y pagan tratamientos caros para seguir fumando y echarnos el humo siempre en la cara entre carcajadas grises/ que tienen conscienca ambiental moral espiritual y se rascan el alma martes y jueves de diecinueve a veintiuna/ que se aglomeran en oficinas desinfectadas donde los botones se abrochan hasta arriba y tienen pausas para coger en telos angostos carcomidos por cucarachas quietas y sábanas frías/ que tienen orgasmos a los cuarenta con esposas amoldadas en sillones más grandes que sus caderas/ que se dan inyecciones por el culo para volver a sus casas de clase media en barrios asfaltados de luces amarillas con miedo a la vida con miedo al cambio con miedo a la sed hablando en sus celulares normales chupando sus vidas normales manejando sus autos pagados en cuotas para que a las cinco de la tarde nosotros que nos escupieron al mundo de huesos para afuera y nos plantaron en bolas frente a la carne frente a la enfermedad frente a la demencia golpeemos las manos tres, cinco veces y digamos señora.