foto por Eirik Rye

2 abr 2013

conversaciones

-lo que te plazca
-no
-el tenedor es una herramienta versátil
-qué decís
-digo que para qué ponerse medias si al final terminamos mordiendo el fuego
-glenda dijo que sabía coser
-dale la patita
-te quiero
-yo también, pero el feca lo garpás vos.

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-soñé que había otra dictadura, o estábamos en los setenta, o no sé.
-¿y había resistencia?
-no sé. pero estábamos juntos.
-entonces sí.

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-fijate de escupir más o menos alineado con la eclíptica
-¿y si no puedo?
-vas a tener que poder.
-vos siempre tan imperactible
-no sos la maga.

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-llamalo al mozo
-es moza
-da igual
-tremenda hembra y no la ves
-es la resaca
-los muchachos peronistas
-no te pongás a cantar ahora
-¿y qué me queda?
-¿y qué nos queda?
-¿y qué te queda?
-preguntale
-no digás pelotudeces. nadie muere por amor.
-hay cosas peores que la muerte.
-la cuenta, linda. 
-no cambiás más.

haiku

círculo polar
los amantes son el sol
en medianoche.

20 mar 2013

me gusta la palabra curda para ponerla en un poema y decir que sos una puta
porque el primer bukowski del mundo, querida,
seguro conocía a alguien como vos.

14 mar 2013

diálogos


y si, nahuel, vas a tener que hablar. vas a tener que abrir la caja y hundir los dedos en todo el reuma que le sacó brillo a lo que sobró del pecado original, y tocar el fondo que nunca fue fondo, porque de este lado de la poesía tenemos licencia para el alquitrán justo que entra en la copa de oro.
el automatismo es para cagones, aunque mariel te diga que no se te pueden acabar los besos porque eso sería capitalizar el amor y para eso están las putas. ('pero me gusta más nahuel. tiene como un paisaje adentro'. esa otra chica de pueblo que se vino a la vorágine y conoce  tipos en el subte). te van a matar porque no estás seguro de si ésta es yerba de hoy o la misma de ayer disimulada con macramé y cascaritas de naranja.
'el vino, pibe, el vino. el pasaje viene en caja y se llama vino'. ay, bukowski, si fueras argentino a 'muchacha punk' lo leería con otros ojos. y a la piba ésta que te mira quemándote con el mismo fuego del porro que tiene en la mano, que es el fuego de todos los días del mundo que pasa entre las seis y las siete de la tarde, justo cuando llega dios y hay que parir el alma con los huevos bien puestos. pero arrancarse el corazón es más difícil cuando quema y silvio te dice que tenés que dejar la casa y el sillón porque sino te vas a quedar con la peor muerte que es la de los vivos. 
pero igual vas a tener que hablar. vas a tener que enajenarte y prender el receptor de vomitar certezas, aunque el traje de argonauta te calce justo. no importa que los perros vengan a decirte que al final las hojas no eran todas del viento, o que la maga te haga el amor/revolución sobre un país escrito todo en gíglico. vas a tener que hablar.
pero hoy no.  

12 feb 2013

Más poemas de Adelaide

XXIX

la sumisión bestial
ella se transita en el rastro magro de las almas
el nombre que me grita no nos pertenece


Rosario, 2011.
XXX

Su carne entera
arremetiéndome
y la veo que va a esquivar
pero es el desgaste preciso
en que mi cuerpo se desoye 
y palpita
la última cadencia
que sobrevuela la cordura.

Su sexo pétreo,
mórbido de pasiones roídas,
se parece ahora al vórtice 
en que la niña se cambió los calcetines
y salió de puntitas a jugar al mundo,
pero adelita,
pero la muerte,
pero su carne,
la sangre enajenada,
el animal violento,
el despertar impuro,
y mamá sentada siempre
al borde de las cosas,
y es esa la indecencia
con que me escribe la cintura
y me traduce en raudal de manos crispadas,
en violencia derramada sobre el pez diáfano con que adelita
moría los días.

adelita que ahora me intuye en el revés de la fortuna
desde la escama del durazno
o la manzana de Adán.

Rosario, 2011.

21 abr 2012

Tabula rasa

De este lado de la derrota
la derrota es la consciencia de la derrota.
De este lado de la mentira,
de este saberse carne,
la cajita de cobre que tenía el crisol en la garganta
ahora se desgrana como clavos colgados del deicidio
para que el rito se encienda
en la concavidad de las manos que tocaron el fulgor
y vuelven las palmas como gritos anclados en la noche,
como el día en que hundiste las rodillas en el tiempo
y le quitaste sobriedad.
El televisor fluctuaba 
entre la temporalidad del vuelo
y las anomalías cruzadas por amoríos deformes;
hoy no es más que un cálculo adiestrado
que hay que aprender a redimir,
no a retratar ni a amortecer,
pero a redimir,
porque así de tibio es este infierno. 

Poemas de Adelaide

Adelaide Bourgeois nació en Toulouse el 30 de Abril de 1996, y vivió en distintas localidades argentinas desde los cuatro años. Se quitó la vida en la ciudad de Rosario, el día de su cumpleaños número quince. Le guardé estos poemas.

XVII

Diecisiete vueltas y se acaba el mundo.
Vinieron los perros
con un pájaro en los dientes
a anunciar la muerte de las cosas por nacer,
y Adelita se consume debajo de la espuma.

Son sus manos esgrimiendo las gotitas del horror,
son sus ojos escarchados en la aridez de las palabras.
Hay un animal floreciendo de Adelita.

Adelita no quiere que mamá se vaya
Adelita no quiere que mamá se muera
Adelita no quiere que la vida la arrastre por los pies 
y la entierre de la carne que nunca vamos a vestir
¡Adelita!

Vamos juntas a envolver al mundo
para que no haga tanto ruido.

Morón, 2010.




XXIII

Esta noche,
sumergida de cabeza hasta los dientes en la sobremesa del espanto,
arañando a los fantasmas de la inocencia que perdí,
la niña que purgó el delirio es ahora
la resina oleaginosa que se pega al paladar
y así empieza la muerte,
con el cuerpo necrosado en taller de orfebrería
a tapar los aujeritos porque se filtró el alma
y hay que aprender a conservar la curvatura.

La niña languidece
con las manos enterradas 
en la dicotomía del pájaro-academia.
Han construido la coraza de la tierra
donde dijo la palabra corazón
y se miró los pies
hundidos en la fiebre del destino.
El destino es el silencio entre las dos.

Estoy sentada en la delgadez del poema que no termina de decirse.
A mi consciencia le quedan pulcritudes adosadas al dolor.
La niña está desnuda
con las uñas percutiendo en el olvido.

Flores, 2010.

9 abr 2012

Cotidianeidades

Un libro de Gelman.
Un tango en Si menor.
Una wiphala colgando.
Una palabra en yamaná.
La palabra agonía en todos los idiomas del mundo.
Las palabras desarmándose porque no hay tabla que les de de morir.
El lunar de Marilyn Monroe.
Las tetas de Marilyn Monroe.
Mis cinco años escurriéndose por los botones del infierno.
Las manos de Perón.
La Muerte en la más dulce sincronía.
Las señoras macristas mordiendo televisores caros
y la radio con cuchillos en los dientes.
Poesía fácil.
El sueño reumatoso de los días por vivir.
Un cigarrillo en la arena.
Un millón de bocas que se caen.
Tu cara de Eurídice saliendo del inframundo.
Un artista en la calle.
Un dolor cualquiera, si al final todos los miedos convergen en la piel.
Un vino desfondado.
Los pájaros.
Sus jaulas.