foto por Eirik Rye

12 feb. 2013

Más poemas de Adelaide

XXIX

la sumisión bestial
ella se transita en el rastro magro de las almas
el nombre que me grita no nos pertenece


Rosario, 2011.
XXX

Su carne entera
arremetiéndome
y la veo que va a esquivar
pero es el desgaste preciso
en que mi cuerpo se desoye 
y palpita
la última cadencia
que sobrevuela la cordura.

Su sexo pétreo,
mórbido de pasiones roídas,
se parece ahora al vórtice 
en que la niña se cambió los calcetines
y salió de puntitas a jugar al mundo,
pero adelita,
pero la muerte,
pero su carne,
la sangre enajenada,
el animal violento,
el despertar impuro,
y mamá sentada siempre
al borde de las cosas,
y es esa la indecencia
con que me escribe la cintura
y me traduce en raudal de manos crispadas,
en violencia derramada sobre el pez diáfano con que adelita
moría los días.

adelita que ahora me intuye en el revés de la fortuna
desde la escama del durazno
o la manzana de Adán.

Rosario, 2011.

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