foto por Eirik Rye

27 nov. 2011

Vestimentas otra vez

En el espacio que hay
entre tu piel y tu sangre
pasa Baudelaire
vestido de gendarme,
entre tu risa y tu llanto,
rompiéndole los huesos al azar
pasa Baudelaire
con todas sus flores y con todo su mal
con esa idea romántica del inconformismo
que usás de espuma de afeitar
cuando te mirás
al espejo
y matás tus voluntades más promiscuas
desde el resplandor de tus zapatos,
desde el nudo de una corbata.
Vas a trabajar y está Baudelaire,
volvés a tu casa y está Baudelaire,
te acostás a dormir y
no
encontrás a nadie, pero no importa,
porque 
en cuanto el sol te golpee
los párpados
va a estar ahí tu redentor,
a los pies de la cama,
azucarando el café como es debido,
limándole los bordes a tus sueños.

Te estoy invitando a que pases por casa,
a que entres sin golpear la puerta
y a dejar barro sobre la alfombra,
a que te salgan tigres de los poros
y se pinten los labios de azul.

26 nov. 2011

Autómatas (Mantenga el Orden y la Limpieza)

Mantenga el orden y la Limpieza, dice. Con toda la autoridad que puede llegar a tener el cartel más resplandeciente que cuelga sobre la pared pura e inocua. Mantenga el orden y la Limpieza. Impía y totalitaria. 
El individuo que pasa todos los sábados por la oficina intenta decir, denunciar, que son un montón de letras haciéndose espacio en un pedazo de chapa, y con mis propios huesos veo cómo lo agarran por la espalda y le clavan un puñal en el alma. A los pocos minutos, se levanta y me dice: Mantenga el orden y la Limpieza. E inmediatamente se pone a limpiar sus propias manchas de sangre.
Voy a un recital de poesía y hay un tipo hablando del amor, de las mujeres hermosas, y de demás cosas que el mundo ha olvidado, porque ya se encargó de acribillarlas en Wall Street, y, en el verso final, levanta la vista y sabe que no lo están escuchando, que el tipo de allá está pensando en putas, y aquél en cosas políticamente incorrectas, pero lo siguen mirando con las mismas caras de idiota que ponen al leer letreros en las paredes, porque de alguna manera se han convencido de que cualquier cosa que salga por un parlante está más arriba en la pirámide prioritaria que lo que realmente desean hacer. Y lo que realmente desean hacer es conocer al Señor como yo. Tengo quejas que presentarle. Podría hablarle horas sobre la cantidad de veces que me han timado en el amor, o sobre las dramáticamente injustas reglas de ‘Piedra, Papel, o Tijera’. Pero me comentaron que en las mismas puertas del cielo, entre todas sus arpas y sus querubines semidesnudos, se alzan, triunfantes, seis palabras: Mantenga el orden y la Limpieza. Como si los seres humanos no nos encargáramos día a día de ennegrecerlo cada vez más, de ensuciar esas gigantescas verjas celestiales con todo el sarro y el óxido que emanamos hablando en nombre de Dios, robando en nombre de Dios, matando en nombre de Dios. 
Cuando muera, y sea el ángel más mugriento del infierno, voy a subir o a bajar y matar todas esas palabras, y no pasar y no tocar y no fumar y tire y empuje y todos los carteles ante los que nos enseñan a redimirnos desde que nos cagamos encima, para convertirnos en autómatas del orden, para que el punto orgásmico de la introspección sea anotar nuestro grupo sanguíneo en un papelito, y llevarlo a todas partes por si nos pasa un bondi por encima. 
O bien puedo seguir así, como un gatito perfumado que consume el alimento que sale en la televisión, y lustrarle los zapatos al Señor, manteniendo el orden y la limpieza.

20 nov. 2011

La ropa sucia

No hay nada más al sur
que vos
arañándote la piel entre azucenas,
detrás de la luz gélida de los televisores,
o entre las heridas
de la noche.
Aspirando las cenizas
de este suelo incierto,
haciendo del dolor
un albergue transitorio,
domesticándolo y exhibiéndolo
como si fuera un animalito
al que se le da de comer,
como si realmente se alimentara
de todo el maquillaje
corrido,
de todos los pedacitos de tu alma,
de todos los platos rotos
que van a ver al mundo partir
hacia un destino compartido,
mientras vos te quedás ahí,
abrazada a ese amor de mostrador
del que te babeás
todas las mañanas
para cubrirte de él y dejarlo caer
sobre la ropa sucia,
sobre la lista del supermercado,
o sobre un librito de poemas rosas
que leés bailando charleston

arriba del glaseado del pastel
con que nunca me serviste la mesa,
quizás porque siempre creíste que la mesa era para hacer el amor.
Hablabas del amor como el tipo que sale en la radio
hablando del cambio
climático:
tan pendiente de la estadística y del ascenso de la temperatura global,
y uno se pregunta dónde quedó
dónde carajo está parado
mientras el mundo se va a la mierda,
porque
o yo estoy loco
o vos
estás
a varios cigarrillos de distancia,
y el dolor y la mesa y el tipo de la radio pueden pegarse un tiro bien al sur,
ahí con vos,
y cursar un seminario sobre cómo apagarse en cuotas,
aprenderían a caminar,
y se irían de vos
de una vez por todas.

17 jul. 2011

Humedad

Tomaste a la muerte por los hombros
y la dejaste sin aliento,
la envolviste de una piel distinta,
y ella no hizo más que quedarse ahí,
mirando el cadáver del tiempo,
o los ciento setenta y tres tiempos
que tenía el cadáver.
Uno de esos tiempos canta
una marcha nacional,
otro va barriendo las miguitas
que derramábamos anoche
sobre el suelo militar,
el mismo que hoy
caminan esos ojos cargados de padeceres,
no se animan a sacar los huesos al mundo,
y sin embargo escriben con sangre
las paredes de sus sueños
y cuidan la humedad de sus almitas.
Son el pulmón izquierdo de un hospital.
El derecho sos vos y el olor a diciembre
que se agarra con uñas y dientes
al marco de la ventana.
Voy a sacar ese mes del calendario,
así nadie desnuda a la muerte de nuevo.

4 mar. 2011

Las escaleras son todo menos el paso al Infierno

No hay necesidad de fuego, el infierno son los otros - Jean Paul Sartre

Ya corre hacia la nada, ya hasta casi la acaricia, le va sintiendo el sabor, pero entonces lo ensordece de repente el peso de la existencia. ¿Cómo? Unos instantes más y ya está roto, ya se rinde ante el sonido virgen, limpio, que sale ahora de su boca, porque era eso, en efecto, una boca, como todas las demás bocas que yacían bajo la impía fluorescencia de los muros y las sábanas. Y los ojos, cómo lo buscan los ojos ajenos, así se llaman: ojos, y hay un par por persona, un par es dos, dos es un algo y otro algo igual, cero es nada, ¿dónde está el cero? Ya no tiene dudas: se ha encontrado, otra vez, con el mundo. Pero no, no, ha muerto y no es eso más que otro heterónimo de fin, ¿cómo puede ser que la vida le siga pesando? De improviso se siente y sin darse cuenta hasta llega a reconocerse. La incertidumbre es algo que ama, ya se empeñan en callarla sin piedad, y no quiere llenarse de ese código distinto. Con el tiempo le van respondiendo preguntas que no recuerda haber formulado: con que eso es un color, a esto se le llama silla y eso de allá es una mujer. También hay libros y cuervos y novias y estanques y ombligos y bocas y ojos. ¿Y la muerte? No, hay ciertas cosas sobre las que no necesita escuchar. Si, al fin y al cabo, por nutrirse de ellas está allí. Pero aprende, porque es en ese lugar de difícil acceder el olvido. Allí no hay tristezas sino armas, no hay desesperanzas sino trenes, no hay sueños rotos sino ocho pisos. Y así, consigo y todas sus heridas, mientras sus dos mitades desean una muerte distinta, quizás más sencilla, más cerca de sus dedos, se va dejando convencer por ese almita humana llena de mundos por vivir que ahora lo empuja, lo empuja y le gana. Pobrecilla, aun no sabe: cuando el fin saboree sus sesos, y se llene su pensar de la añoranza del olvido, le dará paso a otro, y luego a otro, y a otro, y a otro, y a otro.

28 feb. 2011

El fragor de la vigilia

hay porciones de vos
en este aire que envejece/
las escamitas de tu piel
van comiéndose los vidrios que

vidran de tu aroma/mientras
de este lado llueven
gotitas de cronopio/
y ahí estás vos/chapoteando

entre el papel/
esta lluvia tiene un compás
azul y sabe azul y se viste
de azul y duele igual de azul/

quizás/en el instante fatal
e ineludible/ya cuando empiece
a empañarme los huesos/
y tenga que buscarle otra alternativa

al martirio/quizás lluevan
todos juntos/y alejandra
y alfonsina y la niñez
también muerta

por la sed del mundo/
no vos/
porque los querubines no mueren/
a ellos les arrancan las alas

como a los sueños/acribillados
por las botitas del vivir/
pueden pasar dos/diez/treinta años/un siglo/
y aun habrá sueños agonizando

en los rincones de las almas/
¿qué no es esta la verdad
que los muere?/
¿dónde ha huído la incertidumbre?/

¿si no nos buscábamos
ayer por la mañana?/
¡ay!
los fantasmitas


de lo inmenso/¿qué ha sido
de aquel vértigo inequívoco?/¿lo perdí
con la hemorragia de vigilia?/
yo no sé quién lo robó/

pero he aprendido
a mirar entre nosotros/
y es mentira lo que dicen/
la muerte no viste un sobretodo/

2 feb. 2011

¿qué sos/angelmordaz que
me domina/fragorachispa
entre mis dedos?/
¿sabés de mí?/¿lo que me hacés?/

¿quién te manda/fantasmaglorita
acosadora?/¿me estoy equivocando
o sos una mujer?/¿qué sabores
tiene tu nombre?/

¿cómo esperás que te encuentre/
si ayer vendrás y mañana
te fuiste?/¿por qué actuás en silencio/
purpureaespina/y hacés tanto ruido?/

¿no sentís estupor ante
los sismos de la noche?/
¿segura?/¿no?/¿qué
luces transitan tu mente/

fervarrosa soldadita?/¿qué
esperás de mí/si lo único
que puedo darte es
violencia y poesía?/

28 ene. 2011

Otra vez la noche

verónica habla de Poesía/
ya hace una veintena
de cigarrillos que no
nos acordamos de su nombre/

verónica saborea las palabras/
las envuelve con su tacto
oleaginoso/juega con el
vértigo/con lo eterno/

con la inmensidad/mientras
la noche nos esconde
sus huesos/porque nos roba/
de nuestra sangre es la noche/

ella nos da de comer/de noche
nos atrevemos a enfrentarnos
al gatito domesticado que
nos clava las uñas durante el día/

la palabra noche es
femenina/y no por azar
sino por acierto/como también
lo son otras como
luna/lluvia/mente/Poesía/
el sustantivo miedo tiene
forma de varón/por eso le llamamos
verónica/

verónica que habla de Poesía/
y no se da cuenta/
es la Poesía quien
la está hablando a ella/

12 ene. 2011

pero necesitamos apropiarnos de las cosas/
apropiarnos del fuego/
de los pastizales/
del musitar de la lluvia que ya es silencio/
de quevedo/ apropiarnos/
de un saxofón/
abril en París/
del sonido de las hojas del otoño/
robárselas al mundo
y esconderlas en un bolsillo compartido/


caminar por la plaza
y caminarla nuestra/
sentir el sudor en nuestras manos
y sudarlo nuestro/
necesitamos atarnos a las recetas médicas
y al púrpura
y a los versos ya amarillos
y a alguna mesa/
de algún bar/
de algún rincón/
de alguna ciudad/
y a las telarañas de los zócalos/
porque no confiamos en nuestros cuerpecillos humanos/
tan frágiles y susceptibles/
ya nos van quedando chicos/
y uno ya no sabe si cianuro/
o chocolate confitado/