foto por Eirik Rye

18 jun. 2013

kula

el día que el hombre nombre
la ausencia nodriza
con el silencio

el día que no se nombre.

21 may. 2013

Otros poemas de Adelaide

V

este llanto viejo
jóven
se consuma
me iguala
y es la única manera.

el poema es la membrana.

Flores, 2010.

VI

el llanto
la niña
sólo la noche.

Flores, 2010.

Consagración

La cigarra se hizo carne
y nadie está seguro
de dónde yace la grandeza del emblema, 
pero igual la chupan
con el mito enceguecido entre las manos
hasta morder el hueso
de pasiones mutiladas.

El grito verborrágico
que Martina dio para salir al mundo
y limpiar el suelo de silbidos lapidarios
ahora barre los pedazos de los días
y me da el salto a la antesala de la aurora.

Ya lloran mujeres
y aplaude enfermo el mercader
de la constancia espiritual
que es el porvenir diario
Y así empezamos,
con los sábados cargados a los hombros
a preparar la mueca
que reciba a la muerte. 

2 abr. 2013

conversaciones

-lo que te plazca
-no
-el tenedor es una herramienta versátil
-qué decís
-digo que para qué ponerse medias si al final terminamos mordiendo el fuego
-glenda dijo que sabía coser
-dale la patita
-te quiero
-yo también, pero el feca lo garpás vos.

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-soñé que había otra dictadura, o estábamos en los setenta, o no sé.
-¿y había resistencia?
-no sé. pero estábamos juntos.
-entonces sí.

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-fijate de escupir más o menos alineado con la eclíptica
-¿y si no puedo?
-vas a tener que poder.
-vos siempre tan imperactible
-no sos la maga.

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-llamalo al mozo
-es moza
-da igual
-tremenda hembra y no la ves
-es la resaca
-los muchachos peronistas
-no te pongás a cantar ahora
-¿y qué me queda?
-¿y qué nos queda?
-¿y qué te queda?
-preguntale
-no digás pelotudeces. nadie muere por amor.
-hay cosas peores que la muerte.
-la cuenta, linda. 
-no cambiás más.

haiku

círculo polar
los amantes son el sol
en medianoche.

20 mar. 2013

me gusta la palabra curda para ponerla en un poema y decir que sos una puta
porque el primer bukowski del mundo, querida,
seguro conocía a alguien como vos.

14 mar. 2013

diálogos


y si, nahuel, vas a tener que hablar. vas a tener que abrir la caja y hundir los dedos en todo el reuma que le sacó brillo a lo que sobró del pecado original, y tocar el fondo que nunca fue fondo, porque de este lado de la poesía tenemos licencia para el alquitrán justo que entra en la copa de oro.
el automatismo es para cagones, aunque mariel te diga que no se te pueden acabar los besos porque eso sería capitalizar el amor y para eso están las putas. ('pero me gusta más nahuel. tiene como un paisaje adentro'. esa otra chica de pueblo que se vino a la vorágine y conoce  tipos en el subte). te van a matar porque no estás seguro de si ésta es yerba de hoy o la misma de ayer disimulada con macramé y cascaritas de naranja.
'el vino, pibe, el vino. el pasaje viene en caja y se llama vino'. ay, bukowski, si fueras argentino a 'muchacha punk' lo leería con otros ojos. y a la piba ésta que te mira quemándote con el mismo fuego del porro que tiene en la mano, que es el fuego de todos los días del mundo que pasa entre las seis y las siete de la tarde, justo cuando llega dios y hay que parir el alma con los huevos bien puestos. pero arrancarse el corazón es más difícil cuando quema y silvio te dice que tenés que dejar la casa y el sillón porque sino te vas a quedar con la peor muerte que es la de los vivos. 
pero igual vas a tener que hablar. vas a tener que enajenarte y prender el receptor de vomitar certezas, aunque el traje de argonauta te calce justo. no importa que los perros vengan a decirte que al final las hojas no eran todas del viento, o que la maga te haga el amor/revolución sobre un país escrito todo en gíglico. vas a tener que hablar.
pero hoy no.  

12 feb. 2013

Más poemas de Adelaide

XXIX

la sumisión bestial
ella se transita en el rastro magro de las almas
el nombre que me grita no nos pertenece


Rosario, 2011.
XXX

Su carne entera
arremetiéndome
y la veo que va a esquivar
pero es el desgaste preciso
en que mi cuerpo se desoye 
y palpita
la última cadencia
que sobrevuela la cordura.

Su sexo pétreo,
mórbido de pasiones roídas,
se parece ahora al vórtice 
en que la niña se cambió los calcetines
y salió de puntitas a jugar al mundo,
pero adelita,
pero la muerte,
pero su carne,
la sangre enajenada,
el animal violento,
el despertar impuro,
y mamá sentada siempre
al borde de las cosas,
y es esa la indecencia
con que me escribe la cintura
y me traduce en raudal de manos crispadas,
en violencia derramada sobre el pez diáfano con que adelita
moría los días.

adelita que ahora me intuye en el revés de la fortuna
desde la escama del durazno
o la manzana de Adán.

Rosario, 2011.