foto por Eirik Rye

14 ene. 2012

Astronomía

Odio tanto a las estrellas.
Se la pasan ahí,
adornando la noche;
a nosotros el hambre no nos deja dormir.
Nos miran hacer el amor,
aparecen en poemas
de Gelman y de Poe
y nunca hicieron nada por el mundo,
nunca una mujer les quitó el aliento,
nunca combatieron con el alma enterrada
en la agonía
del sur.

Me las imagino ahora:
burlándose de nosotros
mientras comentan las novedades celestiales
y nos retratan el porvenir
en revistas de consultorio.

O quizás me estoy equivocando
y los poetas estelares hablan sobre nosotros,
se hacen el amor
frente a astrónomos y jóvenes insomnes
y ven a su país morir
un poquito cada día.

Jamás Galileo ni Anaximandro pensaron
astros
como los que ahora arrojás al cielo,
son la mueca perfecta de la belleza.
Vas a orbitar con ellos las paredes,
para limpiarte de tu humanidad
y ser una mancha más
en el cielo.

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