foto por Eirik Rye

6 ene. 2012

Musas

Tengo la tristeza metida en la nariz.
No sabe si subir o bajar
y ahora cada vez que respiro me entra
un polvo triste
a los pulmones. 


Me dolés a los gritos,
y aun así te amo 
con esta violencia,
con cada fibra del miocardio,
aunque me pongas a vomitar palabras de esta manera.
Recuerdo cuando quisimos escribir
un poema
en francés:
lo llenamos de palabras agudas 
y de erres que suenan como ges,
como el sonido que hiciste un día cuando te atragantaste
con un pedazo de infinito
y quisiste respirar,
lo intentaste escupir pero te pusiste a hablar en francés
y el infinito pasó por tu garganta.
Ahora no sé 
si sos 
un ángel o un demonio.
Lo que sí sé es que me invitaste a pasar una tarde en el mercado de pulgas
comprando amor embotellado.
Nos fuimos en un barquito de papel
y no volvimos nunca,
porque no había dónde volver,
dónde aprender el noble oficio de llorar.


Me tomaría un trago con vos.
Te invitaría al bar más roto de Buenos Aires.
Si existieras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario